Calle 13, by Antonio Caro Escobar:

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“La noche, el día
fundidos son los dos
solo hoy es uno”. Blog. Velehay

Calle 13. Capítulo 1, Antonio Caro Escobar

 

Llegue a vivir a aquella casa hacía poco, tan solo unos pocos meses, desde que la vi me encanto, tenía dos plantas y una terraza muy grande, para alguien aficionado a los bonsáis como yo aquello era una maravilla, había espacio suficiente para todos mis árboles e incluso para un pequeño invernadero para los más delicados, o para aquellos que necesitaran una zona para recuperarse de las enfermedades que suelen tener. (Hongos, plagas, etc.)

Cuando vi el anuncio en aquel periódico me llamo la atención quizás por el nombre de la calle y por el número ambos el trece. ¿Algo querría decir no? ¿Podía ser una casualidad? Si fuera supersticioso, ni me lo hubiera planteado, pero no era el caso y sin pensarlo llamé a aquel teléfono para concretar una cita, cuando llegue al número trece de la calle trece y vi la casa supe que me quedaría a vivir allí; el alquiler era asequible para mi y la vivienda era todo lo que podía necesitar y más.

Los primeros días no me dio tiempo a nada, no pude disfrutar de mi encantadora morada, tan solo tuve tiempo de pintar, limpiar y colocar todos mis enseres que me había traído un camión de mudanzas, por las noches caía rendido en la cama sin despertarme hasta la mañana siguiente, tarde cuatro días en dejarlo todo a mi gusto, el primer fin de semana no salí para nada, lo dedique para descansar y disfrutar.

Fue aquella noche de sábado cuando por primera vez lo oí, al principio creí que eran ruidos de la casa, los cambios de temperatura que hacia crujir la madera o las cañerías que sonaban con el aíre, pero al cabo de una semana aquello ya no me parecía tan normal, los crujidos se intensificaron de tal forma que me despertaban en plena noche, por el interior de las paredes parecía que corrían ratones asustados ¡y la caldera! La caldera pegaba fogonazos de aire al igual que cuando soplas un fuelle, pero mucho más intenso; aun así yo seguía encantado con mi casa y me pasaba las horas en la terraza cuidando de mis árboles, ese año se pusieron preciosos, los olmos brotaron de forma espectacular, los ficus se adelantaron y los prunus florecieron y dieron una cantidad de fruto impresionante, así que no pare aquel año de pinzar y alambrarlos.

Al cabo de un mes fue realmente cuando me empecé a preocupar, uno de esos días llegue a la terraza y me encontré los bonsáis todos cambiados de sitio, y más tarde alguno en macetas distintas de las que yo los había puesto en el último trasplante, aquello me choco bastante ya que los árboles sufren mucho con los trasplantes y estos parecían que no lo hubieran notado siquiera; fue una semana más tarde estando en la cocina cuando me di cuenta de que algo no iba bien, no podía decir que era porque miraba por todos lados y no encontraba nada, pero había algo que me chocaba, que mi subconsciente captaba y yo no lo veía, cuando cansado de darle vueltas a la cabeza mire la hora en el reloj de pared es cuando me di cuenta de que las agujas iban al revés, el segundero iba inexorablemente hacia atrás.

Mi inquietud empezó a hacerse visible al no saber que podía causar aquellos fenómenos en mi casa, por lo que empecé a investigar en Internet todo lo que podía haber ocurrido tiempo atrás en esa casa, entré en el buscador y comencé a teclear. – Barcelona, calle trece, sucesos. –  pulse enter y espere que se cargara la página.

Aparecieron más de cien búsquedas relacionadas con mi casa, aquello me encrespo un poco, ¿Por qué alquilar una vivienda con un alto historial de sucesos, sabiendo que cualquiera lo puede comprobar? Seguí abriendo páginas:

13 de octubre de 1948

 Muere un matrimonio de forma misterios en la calle trece.

Al parecer no se han podido descubrir las causas de su muerte.

13 de marzo de 1956

Aparece muerta una familia en la calle trece.

Según las investigaciones policiales las muertes han sido causadas por algún tipo de gas venenoso, los cuatro miembros de la familia, el matrimonio y los dos hijos menores se encontraban es sus respectivas camas sin muestras de violencia.

13 de diciembre de 1982

Hallado muerto, un hombre de 45 años  ahorcado en su casa de la calle trece.

Se encuentran muerto por ahorcamiento al propietario de la vivienda, en una viga del sótano de su casa en el número trece, de la calle trece. Los investigadores no dan crédito, no entienden como pudo ahorcarse con las manos atadas a la espalda y sin signos de violencia, la casa no había sido forzada y las puertas estaban cerradas con llave.

Así uno y otro artículo, cada vez me ponía más nervioso antes aquellas crónicas, no sabía que pensar, nunca creí en nada relacionado con lo paranormal, pero aquello empezaba a alterar mi estado de ánimo, cuando leí el último de los casos me di cuenta de que me había algo que no estaba bien o al menos ahora no había constancia de ello, hablaba de un sótano que no había en esta casa y eso me hizo dudar en si las crónicas se referían a esta casa o bien podrían referirse a otra vivienda y con el tiempo se hubieran cambiado los números.

Aquella noche me acosté dándole vueltas a aquella duda, el sueño no tardó en llegar y me quede dormido enseguida; no sé cuánto tiempo estuve dormido pero un ruido me despertó, parecían arañazos en la pared, me enderece en la cama escuchando atentamente, me levante siguiendo el sonido que subía por el hueco de la escalera hasta el piso superior.

Baje despacio por la escalera con el corazón en un puño, el miedo atenazaba mis sentidos, la garganta seca me rascaba como una lija del siete mientras llegaba al piso inferior arrastrado por aquellos escalofriantes rasguños que salían de la pared, fui arrastrando los pies cada vez con menos decisión y más ganas de salir corriendo, de no ser porque me quede clavado en medio del pasillo que había entre el comedor y la cocina y que de allí parecían salir los rasguños que ahora eran claros y fuertes, mi inconsciente me hizo adelantar una mano y ponerla en la pared, note como algo o alguien rasgaba con las uñas en ella a pesar de ser un tabique de ladrillos y los arañazos se hicieran en madera, mi corazón acelerado latía a tal ritmo que pronto saldría de estampida del pecho y dejaría un feo hueco en su lugar, me quede literalmente congelado con la mano apoyada allí y… Aquí tengo una laguna en mi mente, me desperté en mi cama a media mañana, empapado en sudor, sin saber que había ocurrido después, ni como había vuelto arriba o si todo habría sido un sueño. Baje al piso inferior aun temblando y al pasar por aquella pared intente no tocarla algo me decía que no lo había soñado, entre en la cocina y me tome un café y un zumo, salí a la calle, me dirigí aún centro comercial donde compre un mazo, un pico, una uña de gato y unos esportones para seguidamente regresar a casa con todo.

Sin parar a pensarlo me dispuse a tirar la pared de ladrillos y descubrir de una vez por todas que estaba sucediendo, logre abrir un boquete en el tabique y allí estaba, una puerta de madera muy vieja, la que debía dar al sótano, seguí dando porrazos hasta que la descubrí por completo y con la uña de gato la forcé, al abrirla un hedor a rancio salió de allí como si hubiera un animal muerto allá abajo, busque la llave de la luz pero no había ninguna, fui al salón a por la linterna que guardaba en un cajón del mueble de la TV y me dispuse a bajar, al entrar un frío intenso me encogió el estómago, baje los primeros escalones y el olor a humedad se intensifico, dirigí el haz de la linterna de un lado a otro intentando abarcar todo lo posible para descubrir que causaba los ruidos, pero allí no veía nada más que unos muebles viejos un taburete tirado en medio de aquel sótano y frío, mucho frío, veía el vapor de mi respiración ascender por el haz de luz. Llegue al final de la escalera y moví la linterna de uno a otro lado intentando disipar las sombras de los rincones, cuando de repente algo me atravesó de lado a lado, mis huesos crujieron como cristal, mi mente se hizo añicos al ver una serie de imágenes a cámara rápida, muertes, sangre, dolor, llantos, gritos de agonía y sufrimiento mucho sufrimiento pero sobre todo lo vi a él y aquella visión fue la que desconecto por completo mi parte racional y trajo una oscuridad total, un vació a mi mente.

Ahora desde este cuarto del centro de salud mental me he atrevido a escribir estas letras con el consentimiento de mi psiquiatra y bajo su atenta mirada, dice que estoy mejor que todo ha sido fruto de mi imaginación que sufrí un shock emocional causado por el stress y el agotamiento. La risa se me escapa. Si él lo hubiera visto como lo veo yo, también haría lo posible para salir de allí.

Tengo que volver a casa él me está esperando, dice que… El número 13 de la calle 13 me necesita.

 

 

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